Reseña: Chihayafuru 2

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Sinopsis

Ayase Chihaya está obsesionada con la mejoría del club de karuta competitiva de su escuela, ambicionando su victoria como equipo en el campeonato nacional Omi Jingu y convirtiéndose en la Reina, la mejor jugadora femenina de Japón y, por extensión, del mundo. Al comenzar su segundo año escolar, Chihaya y sus compañeros de equipo deben reclutar nuevos miembros, entrenándolos tanto mental como físicamente, para que puedan competir contra oponentes formidables que se interpondrán en su camino hacia el título del campeonato. Mientras tanto, el amigo de la infancia de Chihaya y la persona que la introdujo en el mundo del karuta, Wataya Arata, re-descubrirá su amor perdido por el juego.

Detalles

  • Director: Asaka Morio
  • Estudio: Madhouse
  • Demografía: Josei
  • Género: Deportes, Drama, Juegos, Recuentos de vida
  • Tipo: Serie
  • Episodios: 25
  • Año: 2013

Antecedentes

Chihayafuru 2 retoma la adaptación estrenada dos años atrás y basada en el manga homónimo de Suetsugu Yuki, publicado hasta la fecha en la revista Be-Love en 2007.

El staff principal que participó en la primera temporada repitió papel para la producción de la secuela.

Asaka Morio dirigió Cardcaptor Sakura, Chobits, Galaxy Angel, Nana, Ore Monogatari!!, Mermaid’s Scar y Gunslinger Girl, y se encargó del storyboard de Monster, Black LagoonAzuki-chan. Morio, además, repetirá rol en la adaptación del manga Cardcaptor Sakura: Clear Card-hen, la secuela de Card Captor Sakura, aún sin fecha de estreno.

El director artístico fue Shimizu Tomoyuki, quien contribuyó en Monster, Aoi Bungaku Series, Nana, Tokyo Mew Mew, Rainbow: Nisha Rokubou no Shichinin, Tokyo Underground, Gungrave y Tokyo Underground.

Mima Masafumi, el director de sonido, desempeñó la misma labor en más de un centenar de animes, entre los que destacan Perfect Blue, Shaman King, Rainbow: Nisha Rokubou no Shichinin, Paradise Kiss, Nana, Paprika, Cardcaptor Sakura, Fullmetal Alchemist, Mousou Dairinin, Kuroko no Basket, Tokyo Godfathers, Hajime no Ippo, Fullmetal Alchemist: Brotherhood,  Guilty Crown, entre otros tantos.

La música estuvo en manos de Yamashita Kousuke. Soredemo Sekai wa Utsukushii, Getsumen To Heiki Mina, Digimon Xros Wars, Ozma, Shion no Ou, son algunas de sus contribuciones.

Preámbulo

cf4dd646468e7a726d73d8abe3ff6805Chihayafuru is back!

Durante la emisión de la primera y segunda temporada, lo único que le ofrecí a Chihayafuru fue fría y absoluta indiferencia. Es increíble que demorase casi seis años en dignarme a echarle una mirada a éste anime, especialmente porque –como si se tratase de una ley de la vida- no suelo ignorar producciones de Madhouse, cuna de una gran mayoría de mis animes favoritos. Sin embargo, tal y como lo manifesté en la anterior reseña, jamás había escuchado hablar someramente del karuta (¿Un deporte? No way!) y su premisa no despertaba ningún interés en mí, a pesar de todos los comentarios positivos que pululaban alrededor del anime. Chihayafuru no me interesaba, así de sencillo. Pero las cosas tenían que cambiar tarde o temprano.

Un golpe de suerte, un comentario entre miles en una página de animes, me estimuló lo suficiente para dedicarle (¡al fin!) unos minutos de mi tiempo. Y casi al instante me arrepentí de no haberle hecho un seguimiento en su momento porque el anime valía completamente la pena. Gracias a Chihayafuru mi aburrido fin de semana se convirtió en una maratón de (prácticamente) 50 episodios ininterrumpidos. Qué días tan maravillosos.

Si bien disfruté a lo grande de la primera temporada –porque como conjunto funciona extraordinariamente bien-, debo confesar que me emocionó mucho más su secuela a pesar de que, desde mi humilde opinión, la considero inferior técnicamente y es imposible que puede ignorar ciertos fallos en el guión que eliminaron cualquier posibilidad de que superase a su precuela.

Peeeero… a Chihayafuru puedo perdonarle algunas cosas porque me encanta. Y sí, tengo una lista de animes de anteriores temporadas que requieren de un merecido espacio aquí, pero no puedo aplazar (aún más) la reseña de una segunda temporada bien trabajada de un anime que prácticamente ignoré como a la peste por tantos años.

Historia

Desde que descubrió cuán fascinante podía ser el mundo del karuta competitivo, Ayase Chihaya está determinada a convertirse en la mejor jugadora de Japón. De la mano de Mashima Taichi, su amigo de la infancia, y Wataya Arata, la persona responsable de introducirla al deporte, Chihaya inicia oficialmente su trayectoria en el karuta. Desafortunadamente, inesperados contratiempos impiden que el grupo se mantenga unido para sus años en secundaria, por lo que Chihaya deberá continuar ése período en solitario.

Con la mira en su objetivo principal, pero anhelando sus primeras experiencias como jugadora, Chihaya decide crear un club de karuta en la preparatoria que le permita mejorar sus habilidades individuales mientras se desempeña como miembro de un equipo que ansía sea lo suficientemente fuerte para sobresalir en las nacionales. Sorpresivamente, y para alegría suya, Taichi se transfirió a su escuela al comienzo del año escolar; aunque renuente en un principio, decide ayudarla a formar el club y reclutar nuevos integrantes que compartan su pasión por el karuta.

Incurriendo en obviedades, Chihayafuru 2 continúa la línea narrativa presentada en la primera temporada. El anime toma como punto de partida el arco que su precuela no pudo concluir, desarrollándolo apropiadamente ésta vez, gracias al cielo.

Después de su exitosa participación en las nacionales, Chihaya, Taichi y sus compañeros de (ahora) segundo año, deben reclutar  a nuevos miembros para que la posición y las ventajas del club no se vean amenazas en detrimentos de otras actividades con un mayor número de integrantes. Por lo que, tal y como sucedió con la primera temporada –y un 99.9% de animes de este estilo-, Chihayafuru 2 podría dividirse en dos segmentos: la incorporación de jugadores novatos al club (y todo lo que eso representa) y la fase de competencia. Vayamos por partes…

Por un lado, la inclusión de nuevos personajes representó un alivio para el club -a pesar de su inexperiencia- porque su presencia como elementos de refuerzo disminuyó la carga que los cinco titulares tuvieron que barajar durante su primer año (y es aspecto que se menciona de forma explícita en el anime). Los nuevos miembros se movilizaron como generadores de tensión, tanto si hablamos de sus relaciones con el resto del grupo –y cómo su participación afectó, directa e indiferentemente, los lazos entre ellos- como por sus conflictos personales. (Me gustaría ahondar un poco más al respecto, pero tendrá que esperar a su apartado correspondiente, “Personajes”.)

“   「はなのいろは」 “So The Flower Has Wilted” ”

Y, por otro lado, la competencia fue mucho más interesante que la previa, a mí parecer. La aparición de nuevos jugadores, la reestructuración de equipos debido a la partida de miembros de tercer año, el desenvolvimiento de personajes ya conocidos que finalmente nos deleitaron con un alcance de sus habilidades y la culminación de viejas rivalidades como enfrentamientos inesperados potenciaron a la enésima este segmento.

Un anime como este –y verdades sean dichas: cualquier anime que se posicione en este género- requiere de una renovación constante para mantener vigente el interés del espectador, así que la eficacia y laboriosidad en materia de jugadores y partidos, se agradece y se aplaude, especialmente si se tiene en cuenta que el karuta, tal y como se lo presenta, no aparente ser un deporte en extremo interesante.

Ahora bien, uno de los aspectos que me gustaría traer a colación es un tema que se mencionó en el anime, aunque no se ahondó en demasía al respecto –pero no me cabe dudas que será una fuente de contrariedades en un futuro, al menos en el manga- y es la problemática que afrontan los amantes del juego: a diferencia de otros deportes, en el karuta no hay jugadores profesionales, gente que se dedica única y exclusivamente a mejorar sus habilidades y competir en cuanto torneo puedan. Personas como Chihaya y Arata, devotos incondicionales del deporte, no podrán dirigir todas sus energías a las cartas. En algún momento, tendrán que tomar decisiones sobre su futuro y compaginar cualquiera que sea su elección con el juego. Es un punto interesante que, como ya mencioné, no se desarrolla tanto en el anime, pero sí ayuda a entender un poco más cuán complicado, demandante y, por qué no, injusto, puede ser el mundo del karuta.

Retomando… Disfruté bastante de ésta temporada, sí, por supuesto que lo hice, pero no puedo cruzarme de brazos y omitir mi disgusto por el pésimo episodio final –más específicamente, por las últimas secuencias- porque, madre mía, qué despropósito.

De acuerdo, pongámonos claros aquí. El manga sigue en publicación, así que lo peor que el estudio puede hacer es brindarnos un final cerrado, lo sé, pero Chihayafuru no es la única adaptación de una historia inconclusa, así que lo mínimo que se le puede exigir al estudio es una ‘conclusión’ someramente decente. Y, no exagero, el cierre de la segunda temporada es terrible, malo, malísimo. En la reseña previa mencioné mi disconformidad con el final porque abrieron la puerta a un argumento que no iban a desarrollar en su momento. Era un final ‘abierto’, pero no era un final tan malo. ¿Chihayafuru 2? No hay perdón. Cometen el grave error de plantear una premisa y empezarlo como si se tratase de un capítulo cualquiera, pero, eh, cierra los ojos, ábrelos y el anime ya terminó y el nuevo arco se perdió en el viento.

Quizás el capítulo del manga que eligieron para ‘finalizar’ el anime no fue el más indicado porque es una caja de pandora, básicamente, así que el problema del cierre radica en una cuestión de guion más que de tiempo. Yo ya lo dije, no perdono finales abiertos, jamás. Chihayafuru podrá gustarme como pocas cosas en la vida, pero concluir una historia tan rítmica e interesante de una manera tan pobre me descuadró un poco y me arruinó parte de la experiencia porque lo único en lo que pude pensar fue “Es imposible que termine así, no, no, no”. Pero sí, terminó así.

Malo, Madhouse, chico malo.

Personajes

Un personaje es el alma de su historia. Durante su primera temporada, Chihayafuru nos deleitó al presentarnos a un elenco impecable que brilló con la intensidad de mil soles a lo largo de sus 25 episodios. La segunda temporada, por otro lado, se lució por partida doble: el crecimiento fenomenal de los protagonistas, tanto si hablamos de su técnica como de su personalidad, y la introducción de nuevos personajes que dinamizaron el ritmo de la historia.

Si bien ya hice una observación acerca del desempeño de sus protagonistas –entiéndase: Chihaya, Taichi y Arata- en la reseña anterior, su notable progreso durante su secuela es digno de mención. Vayamos por partes.

Chihaya encarna al prototipo de heroína en una historia que sigue la línea base de la superación. Optimista, vivaz, simpática, comprensiva, decidida y una larga lista de cualidades que la mueven hacia una única meta: convertirse en la mejor jugadora de karuta, La Reina. Contrario a lo que uno podría imaginar, esta amalgama de lo mejor de lo mejor no produce repelús en el espectador. La personalidad torpe y distraída de Chihaya, en conjunto con su pasión desbocada por el karuta y la actitud que despliega frente a amigos como a rivales, convergen en un personaje interesante y cautivador, capaz de desenvolverse entre el drama y la comedia sin mayores dificultades.

En la primera temporada obtuvimos un pedazo de ése pastel, una aproximación a la capacidad de Chihaya para conmovernos y divertirnos en partes iguales, pero fue en la secuela donde observamos cuánto puede crecer, no solo hablando a nivel personal, sino en cuanto a sus habilidades como jugadora. Un spokon que no introduzca un elemento extra en su protagonista que lo distinga del resto de mortales, no es un spokon en toda la regla. Y Chihaya perpetra el concepto. ¿Es algo malo? No. ¿Predecible? Un poco, pero ésta chica transpira carisma, así que resultado final se valora.

Chihaya me encanta, pero considero que fue opacada en gran medida por su compañero estrella, Taichi. Si vamos a enfocarnos en cuánto han progresado los personajes desde su primera aparición, Mashima Taichi es el epítome de la causa y el abanderado en materia de ‘autosuperación’. Desde niño, Taichi destacó en todo lo que se proponía, ya sean estudios o deportes. El estudiante modelo por excelente. Pero tal y como sucede con Chihaya, los arquetipos que se utilizaron para moldear al personaje abandonaron la pretensión de la perfección, y en su lugar abrazaron la vulnerabilidad, la inseguridad, la vergüenza y el miedo que caracterizaron su paso por la historia.

Taichi es un jugador talentoso, pero ha interiorizado desde niño que sus habilidades y la pasión que experimenta por el juego son inferiores si se compara con Chihaya, Arata y otros tantos. La inseguridad de Taichi y cómo esto lo afectaba durante sus partidas fue un tema que se trató en la primera temporada, pero fue aquí donde se desarrolló apropiadamente; es más, fue la trama que mejor se manejó a lo largo del anime. Desde los primeros episodios, ya se podía apreciar su evolución, pero el clímax se dio en la fase de competencia. Con el perdón de todo el mundo, sé que el partido final fue soberbio, pero Taichi vs. ‘The one that should not be named (porque les arruino la experiencia a todos aquellos que no vieron el anime)’ fue el enfrentamiento que más me emocionó por todo lo que implicaba y me mantuvo en vilo, rogando por una conclusión satisfactoria. ¿Quién dice que los partidos de karuta no pueden ser de infarto?

Finalizando con la última punta del triángulo –amical, no romántico, gracias a todos los cielos-, está Arata. A diferencia de los ya mencionados, Arata es un personaje más recurrente que principal en la historia. Tiene un papel importante en la vida de los protagonistas, pero los focos no se posicionan delante de su rostro 24/7. En ésta oportunidad, sin embargo, nos deleitó con un mayor número de apariciones y un avance destacable que discurre entre su personalidad y su técnica. En cuestión de talento y habilidad, Arata está posicionado varios peldaños por encima de Chihaya y Taichi –de momento-, lo que lo ubica tanto en el papel de amigo incondicional como de futuro rival a vencer.

Quizás el talón de Aquiles del personaje radica en el desarrollo de su desarrollo; debido a que no es un personaje constante, su evolución no está a la vista del espectador. Para mí, algunos cambios en su personalidad, leves, claro, pero cambios al fin y al cabo, se sintieron un poco ‘bruscos’ porque la persona que aparecía en pantalla no era la misma que vi episodios atrás. No creo que sea algo malo, porque le da cierto aire de misterio a su personaje, pero eso impide que el público pueda familiarizarse con él. Desde mi punto de vista, claro. El muchacho me gusta, por lo que anhelo que aparezca con mayor asiduidad de ahora en adelante.

Y, por supuesto, no podemos olvidarnos de los otros miembros del club: Komano Tsutomu, Nishida Yuusei y Ooe Kanade. Al momento de su introducción a la historia, pisaron con fuerza. Sus personalidades, habilidades para el juego y motivaciones diferían el uno del otro; a pesar de todo, consiguieron compenetrarse como integrantes de un equipo y forjaron los lazos para una amistad que se fortaleció con el transcurso del tiempo. Su crecimiento era imparable, tarde o temprano tenía que suceder, pero el planteamiento fue magnifico. Sus limitaciones, sus fortalezas, sus conflictos internos y sus enfrentamientos unos con otros construyeron el camino para que Komano, Nishida y Kanade pudiesen asentar las raíces y crecer, crecer y seguir creciendo. Todos me sorprendieron, por supuesto, pero disfruté mucho más de la puesta en escena de Komano. No me lo esperé en lo absoluto, pero a-do-ré cada segundo. Adiós, adiós, a Escritorio-kun. Komano 2.0 llegó para quedarse.

¿Y ahora?

Respetando la individualidad que el club de karuta se empeñó en mantener durante la primera temporada, los nuevos miembros destacan porque como ellos, no hay dos. Su presentación me gustó mucho –más la de ella que la de él, si soy sincera- porque tampoco se asemejó a lo presentado previamente y sus personalidades chirriantes con el ambiente del club prometen experiencias únicas en un futuro. ¿El problema? De ahí pa’delante los motores fallan.

Si bien considero que uno de los aspectos más destacables de ésta temporada son sus personajes, no puedo ignorar que los protagonistas brillaron, evolucionando increíblemente a lo largo de la historia, a costa de los novatos. Y sí, los personajes principales han tenido 25 episodios más para establecerse y presentarse como individuos con personalidades definidas cuyo desarrollo puede conducirse sin mayores complicaciones, pero el problema no radica ahí, a mí parecer. Los alumnos de primero no iban a lucirse esta temporada, eso estaba más que claro, primero porque eran secundarios –casi terciaros durante toda la narración si consideramos la participación de otros personajes- y segundo porque el tiempo era limitado y no se pudo permitir más que lo ya expuesto.

Ni modo. Las cosas como son.

Mención especial para Wakamiya Shinobu. El mundo necesita mucho, mucho más de ella. Es una badass como jugadora, su actitud frente a la vida merece un premio a la hilaridad y su partido final fue uno de los momentos más entretenidos de los spokon que he tenido el placer de ver. Un aplauso para ella, por favor.

Animación

Chihayafuru. This anime.... is simply so beautiful and amazing. Chihaya, who didn't have any special traits, didn't know what it meant to have a dream. However, when she starts playing karuta with her friends arata and taichi, she dreams of becoming the Queen, the female top karuta player. (SYL):

Lo dije y lo repito: Madhouse es mi estudio Nº 1 por excelencia. Le otorgué ése puesto desde hace mucho debido, en gran medida, a que aloja a un número importante de mis animaciones preferidas; sin embargo, no puedo reducir a términos tan vanos el desempeño de la casa productora.

Mis limitados conocimientos en materia de animación me impiden distinguir en su totalidad el increíble trabajo que se gesta en cuanto a la producción de un anime, pero eso no me impidió apreciar cuán maravilloso puede ser la ejecución de Madhouse si hablamos en términos de guión y arte. Podríamos entrar en un debate acerca de que “Estudio QWERT” nos ofrece continuamente un apartado visual soberbio en comparación, pero a título personal, Madhouse siempre me ha ofrecido una animación más que decente y que, en muchos casos, superó mis expectativas con creces.

La primera temporada de Chihayafuru es un buen ejemplo de ello. Todo el anime, desde el episodio uno hasta el veinticinco, fueron un deleite para mis sentidos. No tengo ninguna queja/objeción/reclamo porque su animación fue perfecta. Infortunadamente –y jamás pensé que diría algo como esto- quizás fue demasiado perfecta porque dejó el listón tan alto que era casi un imposible que el propio estudio a cargo pudiese superar su propia creación.

Descubir el maravilloso mundo de Chihayafuru muchos años después del estreno (y la culminación) de sus temporadas jugó tanto a mi favor como en mi contra una vez que me adentré en el anime. Fue bueno para mí porque, a diferencia de sus espectadores en aquel entonces, tuve la buena fortuna de disfrutar del anime sin interrupciones; le dije adiós a las infernales esperas semanales en pro de una maratón de tres días que gocé a lo grande. Pero –el gran pero- ver un episodio tras otro, una temporada seguida al instante de la siguiente, facilitó que me pudiese percatar con mayor facilidad de la diferencia en calidad en la animación.

No se confundan: Chihayafuru 2 no es una adaptación deficiente con una arte mediocre, absolutamente no. El estudio nos deleitó con una entrega excepcionalmente buena que se lució en el diseño de personajes (bien logrado, en especial con los personajes nuevos), una paleta de colores luminosa y matizada, movimientos corporales fluidos, expresiones faciales impecables. Todos estos elementos exprimen su máximo potencial cuando se combinan durante los partidos de karuta y el resultado, como no podía ser de otro, es sensacional.

No obstante, y a pesar de todo lo ya dicho, la segunda temporada palidece si lo comparamos con su precuela. Mencioné que era bastante difícil que pudiese superar a la primera entrega, pero me habría encantado que el estudio hubiese mantenido ése nivel de calidad (cosa que sería igualmente difícil, pero bueno…) en la siguiente producción. El anime es precioso en cuanto a la animación, no voy a refutar eso, pero fue una misión imposible no comparar en determinados momentos lo que me entregó la primera temporada y lo que me ofrecía su secuela.

En síntesis… ¿la animación es buena? Por supuestation. Estaría hablando maravillas de la segunda temporada (que es una maravilla, no voy a decir que no) si no fuese porque la primera adaptación tiró la casa por la ventana y dejó unos zaparos dificiles de llenar, incluso por su propio estudio.

Música

Pues eso, querida, así todo queda en familia. Chihayafuru no solo conservó al staff encargado de la producción, el guión y la animación, sino que se aferró también a sus exponentes en el apartado musical. 99RadioService repite platillo y nos entrega “STAR” como único opening mientras que Asami Seto retorna con “Akanezora” como ending.

Me gustaron mucho los temas de inicio y de cierre, tanto si hablamos de la música como de su respectiva animación, pero tal y como sucedió con el punto anterior disfruté mucho más de las primeras entregas quizás porque, a mí parecer, encajaba mejor con el estilo del anime.  “YOUTHFUL” (OP de la primera temporada) es más estimulante y “Soshite Ima” (ED de la misma) tiene un aire melancólico, pero pacífico y tierno a la vez. Ésas canciones me enamoraron así que, a pesar de que Chihayafuru 2 nos devolvió a los artistas, el listón continúa rozando las altura, al menos para mí, claro.

Pero, eh, el OST de Chihayafuru me encanta, qué quieren que les diga. Yamashita Kousuke hizo un espléndido trabajo de nuevo. Estaría más que loca si fuese a quejarme del soundtrack del anime porque fue sen-sa-cio-nal. Nada más que decir.

Reflexiones finales

LO BUENO

Resumiendo:

¿La animación? Muy buena.

¿La música? Muy buena.

¿La historia? Muy buena.

¿Los personajes? Excelentes.

En síntesis, Chihayafuru 2, tal y como su precuela, es un anime simplemente maravilloso. Nos abocamos a un deporte prácticamente desconocido en Occidente, que se escuda bajo una máscara de puro aburrimiento, pero esconde una historia capaz de emocionarte con una trama sólida y bien planteada y todos los elementos correctos en su justa medida. ¿Qué más se puede pedir? Ah, claro, una tercera temporada no caería mal, ¿eh, Madhouse?

/Lean el manga/

LO MALO

¿Su episodio final? Me muero.

Madhouse no sabe cómo terminar una temporada apropiadamente para Chihayafuru, ¿no? Yo me quejaba por la precuela pensando que me arruinaron la experiencia y aquí me salen con esto. No hay derecho.

Puntuación

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 ♦ Muy bueno

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6 comentarios en “Reseña: Chihayafuru 2

  1. Stephanie dijo:

    Wow, gran reseña. Chihayafuru es mi historia favorita, quiero tercera temporada!!! Pero bueno supongo que tendré que conformarme con ver las películas. Las has visto? (^-^)

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    • Akiba dijo:

      Hola.

      Me alegra que la reseña te haya gustado. ¡Sí! ¡¿La tercera temporada para cuándo, Madhouse?!

      No, aún no las he visto. Las tengo pendientes como todo en mi vida. Gracias por el recordatorio, de todos modos.

      Saludos 😀

      Me gusta

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