Reseña: Deep Love: Pao no Monogatari

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Sinopsis

Pao es un cachorro que perdió a su madre por inanición y se separó de sus hermanos después de que sus dueños decidieran abandonarlos a su suerte. Solo y sin ninguna noción del mundo, Pao tendrá que aprender a sobrevivir en las calles y descubrir en carne propia que las personas pueden ser tanto amables y bondadosas como crueles y despiadadas.

Detalles

  • Autor: YOSHI (Historia), Kurosawa Akiyo (Arte)
  • Editorial: Kodansha
  • Revista: Bessatsu Friend
  • Demografía: Josei
  • Género: Recuentos de vida, Tragedia
  • Volúmenes: 2
  • Año: 2005

Antecedentes

Pao no Monogatari es la adaptación a manga de la serie de novelas escritas por Yoshi bajo el nombre Deep Love.

Además de Deep Love: Pao no Monogatari, Yoshi creó tres sequelas Deep Love: Ayu no Monogatari, Deep Love: Host y Deep Love: Reina no Unmei, y una historia paralela Deep Love: Real, así como Dear Friends: Rina & Maki, Kimi ga Suki Plus Suki♥Doki, mangas sin relación con sus otros trabajos. Por su parte, Kurosawa Akiyo se ha encargado del arte de obras como Hachi: Yakusoku no Inu, Bakumatsu Girl, Champ!, Okuni no Koya, Ginnikan, y Mourning!

La revista Bessatsu Friend publicó, además de la colección ‘Deep Love’, mangas como Life, Eien no With, Kyou no Kira-kun, Vitamin, Watashi ga Motete Dousunda, Mars, L♥DK, Peach Girl, Yamato Nadeshiko Shichihenge♥, entre otros.

Preámbulo

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Desde la creación del blog, el último día del mes está dedicado a las recomendaciones. En enero, la temática fue el drama y la tragedia, animes y mangas que acariciaban la fibra sensible del público hasta arrancar la última lágrima de sus enrojecidos ojos. Una de las recomendaciones fue Ayu no Monogatari, el primer manga de la colección Deep Love que tuve el placer/infortunio de leer, pero el segundo en orden cronológico.

La primera entrega, Pao no Monogatari, la leí poco tiempo después de haber publicado la entrada y confieso, un poco avergonzada por no haber revisado antes toda la colección –cuestiones de tiempo por un lado y de popularidad por el otro (Ayu es mucho más conocida que Pao)-, que si lo hubiese hecho, habría cambiado los puestos.

Ayu no Monogatari es un manga devastador sin duda alguna, pero en cuanto a tragedia se refiere, Pao no Monogatari está en otro nivel. Se podría alegar que el manga le debe sus cuotas de drama al protagonista, un perro que ha sido abandonado por sus dueños, pero lo cierto es que la historia consiguió imprimir y reflejar la crudeza inherente de la sociedad hacia los más vulnerables, sin preocuparse en lo más mínimo por maquillar cuán desagradable y devastador esto puede ser.

Historia

Nello era una perra callejera que experimentó cuán crueles pueden ser algunas personas. Su vida parecía estar condenada al sufrimiento hasta que fue rescatada por Miyuki y Yuu, dos jóvenes hermanas que se compadecieron de su situación y decidieron adoptarla con el beneplácito de sus padres. La felicidad de las niñas se multiplicó cuando Nello quedó preñada y meses después le dieron la bienvenida a tres cachorros: Koro, Toto y Pao.

Sin embargo, la buena fortuna no acompañó a la familia por mucho tiempo y entre problemas económicos y cobradores de deudas, deciden que lo mejor para su seguridad es huir, abandonando su casa y dejando atrás a sus mascotas.

Sin protección ni ayuda, Nello intentará desesperadamente salvar a sus crías, pero la comida escasea y las amenazas externas se yerguen sobre la camada. Las primeras experiencias de Pao son amargas, extenuantes y dolorosas… y aún le queda un largo camino por recorrer.

Pao no Monogatari se presenta como un duro relato sobre abandono y crueldad animal desde el primer capítulo. Sin tapujos, crudo y descarnado. Uno podría pensar que el autor hace uso de un tema que le toca la fibra sensible a la mayoría –la explotación de la violencia hacia los animales, digámoslo así-, pero si has vivido lo suficiente, no te tomará demasiado tiempo entender que los escenarios que el manga expone no son más que una copia fidedigna del lado más pútrido del ser humano.

La depravación contra los animales –constante durante la primera parte de la historia-, es solo el entremés. A medida que el manga progresa, el papel de Pao no se resume únicamente a interpretar a la víctima del ensañamiento, sino también a narrar, como espectador, la inclemencia que sacude la vida de personas menos afortunadas, que han caído en desgracia y que transitan por una sociedad que no los comprende ni los auxilia; al contrario, los desprecia y los margina. Y con esto me refiero a las personas sin hogar, cuyo protagonismo es breve, pero contundente.

Pao

Considero que el manga hace una excelente crítica social al escenificar el día a día de los desamparados, ancianos en su mayoría, que han sufrido del abandono y la desidia de sus familiares y se han resguardado en la calle como su único bote salvavidas. ¿Cuán irónico suena eso? Sus familias los desecharon, sin importarles en lo más mínimo su bienestar, y la sociedad se muestra inmisericorde con su situación, negándoles además cualquier oportunidad que les ayude a mejorar su calidad de vida. Y esto se menciona de forma explícita: muchas personas que viven en la indigencia no puede conseguir un trabajo mínimamente decente porque no se les ofrece ninguna oportunidad. Juzgados por su apariencia, por su edad, por sus escasos recursos y por su estilo de vida la única mano amiga que se extiende frente a ellos son de personas que comparten sus penurias.

Es descorazonar observar cómo estas personas son el blanco de inescrupulosos, quienes obtienen una satisfacción malsana abusando de ellos físicamente y humillándolos. Y esto, como el resto de contenido del manga, no es ficción desgraciadamente.

Y solo estamos hablando de la primera parte de la historia.

Desde tortura animal a prostitución, pasando por el suicido y la violación, Pao no Monogatari es un tren descarrilado que augura un accidente devastador; te queda claro desde el principio que el manga no promete un final feliz. No es un relato de redención o de superación; es una historia turbia que te deja con un mal sabor de boca. No es innecesariamente violenta y tampoco hace uso de escenas sangrientas para perturbar al lector, no.

Pao no Monogatari, como todos los mangas que comprenden la saga Deep Love, es un baldazo de agua fría. No presenta una tragedia injustificada tras otra porque dentro del contexto y de la situación de los personajes tiene sentido. Y, de nuevo, eso no es consuelo.

¿Mi crítica principal? Lo apresurado de su final. Se consiguió narrar en 11 capítulos todos los matices posibles del ser humano al posicionarlos en situaciones diametralmente distintas cuya única conexión era Pao, pero se postergó demasiado algunas escenas o, ya de plano, se omitieron sobrecargando el episodio final. Quizás hubiese sido más favorable para el manga si hubiese contado con uno o dos capítulos extra porque todavía habían cosas que necesitaban aclararse o que requerían de una escenificación para potenciar aún más la historia.

Si lo leen (o si ya lo han leído) entenderán a qué me estoy refiriendo. Y es una pena –otro peso para el alma- porque considero que el manga es muy bueno, pero un final así, tan acelerado, sin prestar atención a los detalles, después de todo lo presentado, le baja algunos puntos. No lo considero inadecuado –es más, creo que debía terminar así para no desentonar con el aire del manga-, pero sí insuficiente.

Ustedes dirán.

Personajes

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Evidentemente el manga tiene como punto focal a Pao, el narrador de la historia, y quien se luce como el blanco de la tragedia desde el principio hasta el final. No es personaje que destaque demasiado en otro aspecto que no sea demostrar la imbatible lealtad de las mascotas hacia sus dueños, sus compañeros y amigos, a pesar de que, en muchos casos, dicha lealtad no es retribuida apropiadamente.

Pao es abandonado, vejado y torturado a lo largo de su vida, pero en medio de la miseria también encontró la dicha y la tranquilidad al lado de personas que lo vean como algo más que un saco de boxeo, justificando así su amor incondicional por los humanos.

Todos quienes disfrutamos de la dicha de convivir con una mascota en algún momento de nuestras vidas podríamos entender el papel que se le adjudica a Pao, enternecernos en ciertas escenas, lamentarnos en otras tantas… y sacudir la cabeza de vez en cuando porque a veces le habían atribuido a Pao características demasiado humanas que mucha lógica no tenían, pero, eh, el sexto sentido perruno todo lo puede.

A lo largo de la historia, Pao tiene varios dueños, pero prácticamente todos ellos son transitorios y sirven como un medio para encaminar la tragedia al corazón del lector. La única excepción es Ayu, una joven estudiante que parece haber perdido la motivación y el rumbo de su vida y se ha imbuido en el mundo de la prostitución. Ayu protagoniza la secuela y su historia, sus desventuras, su transición y su ruina, se narran aquí desde la perspectiva de Pao.

Por supuesto, hay ligeros cambios entre lo presentado en la primera y la segunda parte, algunas escenas son más explicitas, otras se añaden mientras otras se omiten. Dependiendo de cómo se manejó la situación prefiero la versión Pao o la versión Ayu –la diferencia no es tan grande, pero… cuestión de gustos-; sin embargo, el impacto que produce la aparición de Ayu en ambas historias es innegable.

Inicialmente es difícil congeniar con Ayu, entenderla siquiera un poco, porque no sabemos nada sobre ella: su pasado, su familia, su introducción a su situación actual, pero poco a poco se convierte en un personaje cautivador que demuestra muchas más facetas que ninguno de los otros miembros del elenco. Ayu puede ser cínica, rebelde y violenta, pero también es comprensiva, compasiva y amable.

Consideré su progreso y sus decisiones tanto admirables como estúpidas, pero la desesperación y la estima pueden conducir a la imprudencia y, tal y como sucedió con Ayuda, al abismo. Es increíble como las buenas intenciones pueden degenerar en la ruina total. Lo dije en la recomendación, ¿no? “A veces cosas malas pasan”. Sí, cosas terribles, especialmente cuando eres joven y una carga demasiada pesada ha sido puesto sobre tus hombros, así que no tomas las mejores decisiones y recién eres consciente de ello demasiado tarde.

A mí parecer, Ayu es el mejor personaje de la colección Deep Love. Su hedonismo, su caída, su progreso, su desenlace… todo funciona. Te rompe un poco por dentro, pero funciona.
Se podría decir que Pao y Ayu son los protagonistas de la historia –tanto de la primera entrega como de la segunda-, ya que están mejor desarrollados y aparecen más tiempo, pero el resto de personajes tampoco puede desdeñarse porque cumplen con su objetivo: generar cierto tipo de impacto en el lector. Rabia, desolación, asco, compasión… ustedes elijan.

Sin embargo, ya sea por cuestiones de tiempo o de guión, prácticamente la gran mayoría de ellos son unidimensionales. Ya lo dije en la sección anterior, Pao no Monogatari consigue presentar una amplia gama de matices, pero no lo hace gracias a cada uno de sus personajes y su despliegue de personalidad, sino a ellos como conjunto, ubicándolos en extremos opuestos: el bueno y el malo. Dentro de dicha categoría, consiguen desenvolverse de un modo medianamente decente. Y eso es todo.

A su favor, Miyuki y Yuu, las hermanas, y Take y Ume, los vagabundos, me tocaron el corazón y qué ganas de romperle la cabeza a ese pedazo de psicópata, madre mía. Y, por supuesto, Reina y Yoshiyuki tienen su oportunidad de brillar como protagonistas en sus propios mangas, así que…

En lo referente a este apartado, Pao no Monogatari supo defenderse. Y si consideramos el número de capítulo y de personajes, el producto final fue bueno.
(Ojalá fuese mejor. Solo digo.)

estilo-de-dibujo

Kurosawa Akiyo hizo un buen trabajo ilustrando Pao no Monogatari y, desde mi humilde opinión, es superior al arte de Yoshii Yuu –quien se encargó de la secuela- ya que es más cuidadoso y detallista con los paneles, tanto en los fondos como en las expresiones de los personajes. Y con esto me refiero también a los no-humanos.

Consiguió imprimir distintas emociones en Pao -así como en otros animales-, lo que considero un logro si tenemos en cuenta que es un perro y evitó retratarlo de forma caricaturesca.

El diseño de personajes, por otro lado, me parece un acierto total. Kurosawa le prestó especial atención a los ojos, quizás como una proyección de cómo Pao interpretaba el mundo. Es el narrador de la historia, recuerden.

No tengo ninguna queja en este apartado, para ser honesta. Me gustó bastante el estilo de dibujo. Es una pena que Kurosawa no continuase trabajando con YOSHI en las siguientes entregas.

Reflexiones finales

LO BUENO

Oh, el agridulce sabor del dolor.

Si quieres sufrir, llorar y amargarte con el mundo y todos los seres vivientes que han existido, Pao no Monogatari es apropiado para ti. Tragedia a borbotones en un envoltorio pequeño.

La historia se maneja bien, a mí parecer, teniendo en cuenta el género es fácil caer en abusos y quizás más de una persona se sentirá inconforme y fastidiado porque los niveles de drama que podemos soportar dependen de cada uno. Tal vez te guste, tal vez no, pero esa es precisamente el encanto de la tragedia. Y el arte es un plus que se agradece.

Por supuesto, Ayu. Personajes que me hacen maldecirlos para automáticamene congraciarme con ellos y maldecirlos de nuevo, no hay muchos. Tengo que reconocer eso.

LO MALO

El manga suele abusar de las coincidencias. ¡Vivan los encuentros casuales! No tengo quejas con el drama y la tragedia a montones –me gustan, no voy a negarlo-, pero eso del ‘momento preciso en el lugar preciso’… Lo siento, no compro.

El final. No porque sea… ya saben, trágico, ya que no podía esperar otra cosa de un manga como este, pero no me gustan los finales apresurados porque algunos detalles se pierden y el sabor amargo que te dejan no es tanto por la injusticia, sino por la deficiencia.

Puntuación

Pao

 ♦ Muy bueno

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2 comentarios en “Reseña: Deep Love: Pao no Monogatari

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