Sobre la autora

Autora

Info

  • Seudónimo: Akiba
  • Edad: 21
  • País: Perú
  • Cumpleaños: 2 de diciembre
  • Signo del Zodiaco: Sagitario, el arquero.
  • Hobbies: Dormir.
  • Géneros musicales: Jazz & Blues. A veces también me gusta el rock, a veces me gusta el indie.
  • Géneros literarios: Si está bueno lo leo, no importa qué sea ni de dónde venga.
  • Mi meta en la vida: Conseguir un trabajo que me guste y que me paguen bien por ello. Se puede soñar… 

Aq

Akiba es el alter ego de una joven estudiante a la que todavía le quedan algunos años de vida universitaria, enajenada de la vida y enamorada de garabatos japoneses. El nombre “Akiba” hace referencia al distrito Akihabara en Japón, famoso especialmente por sus centros comerciales dedicados a la venta de manga, anime y videojuegos.

Escogí ese nombre porque mi relación con el anime empezó de forma gradual, fue un crecimiento lento, pero constante, durante el cual, poco a poco, me introduje a un mundo que 10 años atrás era desconocido para mí, y que, hoy, con casi 21 años, sigo descubriendo.

Akihabara es mi símil, un sector que abrazó la poderosa industria del anime y el manga y, progresivamente, prosperaron juntos. No me cabe duda que, de aquí en adelante, seguirán creciendo, ampliando sus horizontes, como yo espero conseguir.

ElAniyYo

Mi relación con la animación japonesa comenzó, como supongo lo hizo el 98% de los televidentes en Latinoamérica entre finales del siglo pasado y comienzos de la década del 2000: como niños y adolescentes que prendían el televisor después del colegio para ver “dibujitos”, sin la menor idea de qué era un anime, qué era un cartoon y mucho menos de dónde procedía cada animación. Después de todo, estaba doblado a nuestro idioma, se entendía perfectamente, así que… ¿qué importaba qué era y de dónde venía?

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Crecí con los ojos pegados a la pantalla, sin tener noción sobre las diferencias entre animaciones. “Coraje, el perro cobarde” y “Digimon Adventure” eran iguales para mí. No porque su trama, sus personajes o su diseño fuesen similares (absolutamente no), sino porque representaban para mí momentos mágicos, 20 minutos diarios que me producían un cúmulo de sentimientos diversos: felicidad, tristeza, rabia, miedo…

Me sucedía lo mismo con una variedad de animaciones que transitaron durante toda mi toda mi infancia, pero no fue hasta que entre a la adolescencia y comencé mi cruzada para re-descubrir los personajes y las historias que me enamoraron años antes cuando conocí, verdaderamente, al anime.

Me introduje poco a poco en un universo al que solo había acariciado con los dedos, superficialmente. Y el culpable fue Animax. La variedad de animes que presentaban alegraba mis días. Blood+ y Full Metal Alchemist despertaron en mí una obsesión casi enfermiza.

Vi cada serie unas cinco veces, no me perdía ninguna de las maratones que se transmitían los fines de semana, casi cinco horas seguidas frente al televisor, mirando atentamente capítulos que ya me sabía de memoria, y emocionándome un poco cada vez más.

Mi prima, unos años mayor, quien también compartía conmigo el amor por Blood+, me prestó entonces dos DVDs: School Rumbles y Kare Kano.

Y eso fue todo.

Animax me abrió los ojos, pero fue en 2011, ya con Internet -oh, Dios lo bendiga-, cuando el camino se abrió frente a mí. Gracias a cientos de portales web volví a ver Inuyasha, Shaman King, Sakura Card Captor, Ghost Sweeper Mikami, Hunter x Hunter, Candy, Dragon Ball, Ranma 1/2, Saint Seiya, Slam Dunk y muchos más.

Y fue también a través de internet que conocí los foros, chats, páginas dedicadas a tal anime. Básicamente me presentó al Fandom de muchos de los animes que había seguido y seguía en esos momentos, y las decenas de internautas conectados me hicieron darme cuenta que conocía solo la ínfima parte de un todo.

Y les agradezco con todo mi corazón porque de lo contrario nunca me hubiese reunido con el manga.

Ymanga

Actualmente no puedo creerlo, pero la realidad era ésa. Siete años atrás, no tenía la más mínima idea de que existía el manga y, mucho menos, que los animes que tanto amaban, en su mayoría, eran adaptaciones de éstas obras impresas.

Increíble, pero cierto.

Sin embargo, si lo pienso bien no es algo inusualmente extraño. Vivo en Latinoamérica, en una ciudad que no es la capital del país, así que no resulta complicado imaginar que cualquier tipo de mercancía relacionado con el manga resultase difícil de adquirir. Cinco, diez, quince años atrás podía conseguir anime, pero manga… casi imposible. Es más, hace relativamente poco tiempo, se abrió dos tiendas en un pequeño centro comercial destinadas, entre otras cosas, a la distribución de este tipos de productos. Un sueño hecho realidad.

Visitar frecuentemente los foros, chats y blogs sobre anime me permitió adentrarme un poco más en el mundillo de las producciones animadas de Japón. Conocer el manga fue naturalmente el siguiente paso.

Todo inició –paradójicamente- cuando Kuroshitsuji finalizó. Una gran cantidad de seguidores se quejó, indignados e incrédulos sobre el cierre que A-1 Pictures le dio al mayordomo negro y reclamaban que los encargados de la adaptación se pasaron por el arco del triunfo la historia que Yana Toboso había desarrollado –historia que actualmente continúa- desde el 2006. Innegablemente curiosa, realicé una búsqueda para corroborar por mí misma los reclamos que muchos internautas mantuvieron por semanas.

Leí el manga y mientras más me adentraba en la historia, no podía sino admitir que los admiradores de la obra de Toboso tenían no una, ni dos, sino docenas de motivos para quejarse. Desde mi punto de vista, el anime de Kuroshitsuji es una de las peores adaptaciones que he visto en mi vida.

Ese incidente disparó cientos de interrogantes: ¿Y si Kuroshitsuji no es el único con una pésima adaptación? ¿Será que los animes que amé durante mi infancia no finalizaban como siempre creí? ¿Los animes que actualmente estaba viendo presentaban más situaciones, más personajes, quizás muchas más sub-tramas? ¿Podría ser que la historia continuase en un medio impreso? ¿Estaba en lo cierto cuando me parecía que el anime estaba inconcluso, a pesar de haber finalizado?

Comencé una cacería.

A través de blogs especializados en la traducción y difusión de mangas para hispanoparlantes, conseguí aquellos que motivaban mi interés. Continué historias que creía habían finalizado cuando en la pantalla del televisor aparecía “the end” y descubrí que el mundo que me mostró la animación podría ser mucho más extenso que su fuente original, o, por el contrario, solo la punta del iceberg.

Y entonces ya no leía los mangas que se volvieron animes.

Conocí historias que no habían sido adaptadas –y algunas que probablemente nunca lo sean- y me maraville nuevamente ante joyas que nunca hubiese tenido el gusto de leer de otro modo.

Otra puerta se abrió y cientos de pasadizos que debía investigar.

Un nuevo paraíso.

DentrLoqmás

Hay animes y mangas que me gustan, animes y mangas que me encantan y… hay animes y mangas que amo con desesperación. He aquí una pequeña lista ❤

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